El puente de octubre es una buena oportunidad para conocer ciudades europeas sin tener que desplazarse lejos. En este caso, hemos aprovechado para conocer Burdeos, que nos queda a unas 3 horas. Salimos el viernes después de comer para poder aprovechar mejor el tiempo.
Reservamos habitación en el Ibis Bordeaux Centre Meriadeck a través de Booking. Es un hotel que tiene 2 partes, el normal y el budget, siendo este segundo más barato. Hay que tener en cuenta que en la parte budget las habitaciones son más pequeñas, pero son suficientes si tenemos en cuenta que apenas se pasa tiempo en ella. El hotel queda a 5 minutos del ayuntamiento en una zona muy tranquila.
El hotel ofrece desayuno aparte. Como recomendación, mencionar que si el precio del desayuno es inferior a 7€, lo mejor es cogerlo en el hotel, ya que en las cafeterías de la calle, por un café y un croassaint ya cobrarán ese precio, y en el hotel suele ser un bufet, aunque sea simple.
Burdeos es la sexta ciudad universitaria de Francia, con unos 250.000 habitantes, por lo que es pequeña pero con muchísmo ambiente joven. Todos los días hay gente tomando algo en las terrazas, hay vida durante todo el día y hasta tarde por la noche.
DÍA 0
Llegada a Burdeos. Dejamos las maletas en el hotel y aprovechamos para conocer los alrededores y situarnos. Tomamos una cerveza la plaza Pey Berland, donde se encuentran el Hôtel de Ville (Ayuntamiento) y la Catedral Saint-André. Después, cenamos un picoteo en un bar de la zona y volvimos al hotel.
DÍA 1
Burdeos es una ciudad pequeña que si dispones de días, no hace falta pegarse una paliza. El primer día, nos levantamos temprano para mover el coche, ya que lo teníamos en zona de pago, que por la noche no se paga, pero a las 9:00 empiezan a cobrar. Así que para esa hora ya estábamos en marcha. Desayunamos en un pequeño café al lado de la Catedral, mientras aprovechábamos para coger las entradas para la Torre Pey Berland por internet. Con el tema del COVID tienen el acceso limitado y está organizado en turnos de 40 minutos, para lo que hay que coger la entrada por internet. Disponen de un código QR en la entrada para dirigirnos directamente a la página de reservas. Para hacer tiempo hasta nuestro turno, entramos en la Catedral. La entrada es gratuita en todas las iglesias de Francia, por lo que si os interesan este tipo de visitas, no perdáis la oportunidad.
La torre Pey Berland ofrece una vista panorámica de la ciudad. La entrada vale 6€ y se asciende por una escalera de caracol bastante estrecha. Son unos 260 peldaños y aunque la subida se nos hizo fácil, la bajada se nos hizo un poco más dura, ya que nos mareábamos.
Otra opción para ver la ciudad desde lo alto, y cerca de este punto, es el hotel Mama Shelter Bordeaux. Tiene un Rooftop con acceso gratuito, aunque no abren hasta las 17:30.
Desde aquí nos dirigimos a la Rue Sainte-Catherine, una de las calles comerciales más largas de Europa. La avenida se extiende desde la Plaza de la Comedia hasta la Porte d'Aquitaine. Recorriéndola de punta a punta podemos ver el contraste del Burdeos más chic, en la Plaza de la Comedia, con el Gran Teatro de y el Grand Hotel - InterContinental de 5 estrellas, al Burdeos más trotero en la Porte d1Aquitaine, con sus restaurantes de comida para llevar, bazares chinos y puestos callejeros en la Plaza de la Victoire.
El mejor momento para recorrer la Rue Sainte-Catherine es por la mañana, cuando hay menos gente.
Sin pasar demasiado tiempo por esta calle, fuimos dirección al río, hasta la Place de la Bourse con Le Miroir d'Eau enfrente. Este espejo de agua tiene 3 posiciones de agua: mientras está echando el agua, una especie de corriente cuando se está moviendo el agua y el agua quieta, que es cuando hace el efecto espejo y permite hacer las fotos más bonitas, con el reflejo de la Place de la Bourse.
Desde aquí nos dirigimos hasta la Porte Cailhau, una de las puertas de entrada al Burdeos medieval que queda en pie. Es una de las más bonitas, con su forma de castillo. Siguiendo la línea del río, llegamos al Pont de Pierre, uno de los pocos puentes que permite cruzar el río al otro lado. En frente del puente está Porte de Bourgogne, otra de las puertas de acceso a la parte medieval. Ésta es más sencilla que la anterior. Desde aquí accedimos hacía el interior hasta la Grosse Cloche. A través de esta puerta, se accede a la plaza Fernand Lafargue, una pequeña placita con bares y restaurantes. Nosotras aprovechamos para tomar una cerveza antes de seguir nuestro camino.
Una vez descansadas las piernas, volvimos sobre nuestros pasos hacía la Grosse Cloche y nos dirigimos a la Basílica Saint-Michel, donde suelen poner el mercado de abastos todos los días, menos lo lunes. Alrededor de la basílica hay un montón de bares y restaurantes, donde tomamos otra cerveza antes de ir a comer.
Para ahorrar un poco en comidas, nuestro plan fue comprar la comida en el Carrefour y comer en algún parque de la ciudad. Este día quisimos hacerlo en el Jardín Botánico, el cual queda al otro lado del río. Cruzamos por el Pont de Pierre y caminando unos 15 minutos se llega hasta los jardines, que son de acceso gratuito y suele ir mucha gente a pasar el rato.
Por la tarde, aprovechamos para callejear un poco más por el centro de la ciudad, ver tiendas en la Rue Sainte-Catherine y tomar un café en la Place du Parlement. Cenamos en esta misma plaza.
DÍA 2
El segundo día nos dirigimos al norte de la ciudad. Tomamos el Bat3, un barco que funciona como los tranvías de la ciudad. El viaje simple cuesta 3€ y el doble 4€. Nuestro plan era ir en barco y volver andando. Tomamos el barco en la parada de la Place de la Bourse y en 4 paradas estábamos en la Cité du Vin, un enorme museo con forma de decantador de vino, dedicado a esta bebida. Ver el museo por dentro no nos interesaba demasiado, pero el edificio en sí es digno de ver.
Desde el museo hasta el centro se puede ir caminando por la orilla del río o Quai des Chartrons. Aquí se pueden encontrar un montón de tiendas, bares, incluso el skate park. Es por eso que si pasas un rato en esta zona observando a la gente ir y venir, notarás que mucha de esa gente se mueve en skate o en patines. Es una zona muy animada, sobre todo los domingos, cuando es día de mercado, con un montón de puestos de productos frescos, comida y bebida... Vale la pena pasar la mañana por esta zona, sin prisa y disfrutando del ambiente.
En el barrio de Chartrons se encuentra una réplica de la Estatua de la Libertad en miniatura. Está en una placita muy poco concurrida y cerca del Quai. Después de pasar un rato por el barrio y por el mercado, comimos en el mismo Quai, donde mucha gente se sienta con el mismo plan.
Por la tarde, siguiendo la orilla del río, llegamos hasta la plaza Quinconces, que en ese momento albergaba una feria con atracciones y puestos de comida. No pudimos disfrutar de la plaza así que seguimos nuestro camino hacia el interior, hasta la Plaza de la Comedia y tomamos un café acompañado de un Canelle, el dulce típico de Burdeos. No te puedes ir de Burdeos sin probar uno, aunque sea para decir si te gusta o no. Hay dos cadenas, las más famosas, que venden este dulce: Baillardran y La Toque Cuivrée. Las veréis por todas partes.
Nuestra última parada del día fue en la Porte Dijeaux, otra de las antiguas entradas. A partir de aquí, estuvimos callejeando y comando unas cervezas antes de ir a cenar a la Place du Parlement.
DÍA 3
Nuestro último día lo dedicamos al Free Tour. Normalmente nos gusta hacer el tour el primer día, pero al ser el puente de octubre, había un montón de gente y los tours estaban llenos. Por eso lo hicimos el último día. Volvimos a ver casi todo de lo que teníamos visto, pero esta vez con las explicaciones de la guía, que nos habló sobre la historia, las curiosidades y nos dio recomendaciones sobre dónde comer, tomar algo y hacer compras. Es una actividad que yo recomiendo mucho, ya que siempre es gente que vive en la ciudad y la conoce bien, y te pueden contar cosas que un libro o la información de internet no hace.
Por la tarde dimos la última vuelta por el centro y fuimos al hotel a descansar un poco, ya que llevábamos mucho tralla encima. Volvimos a salir por ante de cenar para ir a tomar unos tragos y quemar los últimos cartuchos.
Al día siguiente, dejamos la ciudad por la mañana, dirección a casa, pero como Arcachon nos cogía de paso, paramos allí a conocer el pueblo e ir a ver la Dune du Pilat, la más grande de Europa. Es una excursión de un día, aprovechando que se está en la zona.
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